APETITOS CRECIENTES.
El atún no requiere mayor propaganda entre los consumidores japoneses. Siempre ha sido l plato de mar más popular de Japón, y la demanda se mantiene alta durante todo el año. Fuera de Japón, el atún especialmente el crudo- no siempre ha gozado de tanta aceptación. El sushi no es un concepto fácil de vender los no iniciados. Además, los estadounidenses tienden a pensar que la influencia cultural va de Occidente a riente. Sin embargo, los motivos culturales de Japón. Han ido saturando cada vez más el mundo de la cultura opular y de consumo en su totalidad. Contra todo pronóstico, el sushi también lo ha hecho
En 1929, Ladie's Home Journal presentó la cocina japonesa a las mujeres norteamericanas, pero esquivó iscretamente el tema del pescado crudo. "Se ha omitido expresamente cualquier receta basada en el delicado tún crudo, que se corta en finas tajadas y se sirve frío con aderezos atractivos. Estas recetas podrían no arecer tan deliciosas como realmente son". En Estados Unidos, mucho después de la Segunda Guerra Mundial es uando los medios hacen mención de la comida japonesa. Ya para la década de los 60, comenzaron a aparecer artículos sobre el sushi en revistas de estilos de vida, tales como Holiday y Sunset. Sin embargo, las recetas ue recomendaban eran canapés, como pan de centeno con camarón cocido, en lugar de pescado crudo con arroz.
Una década más tarde, la popularidad del sushi se estaba extendiendo por toda Norteamérica y el plato se onvertiría en un símbolo de clase y de alto nivel de educación. En 1972, el periódico The New York Times ubrió la inauguración de un sushi bar en el elitesco Harvard Club de Nueva York. Esquire reseñó los platos en un artículo titulado "Despierta pequeño sushi". Los críticos de restaurantes guiaron a los lectores a la scena del sushi en Manhattan, e incluyeron a algunos innovadores, como Shalom Sushi, un sushi bar kosher ubicado en SoHo.
Japón surge en el escenario económico global a finales del año 1970 como el destino de los negocios du jour, unado con el rechazo hacia los platos estadounidenses basados en carnes rojas, a favor de la comida saludable como el arroz, el pescado y los vegetales- y el atractivo de la estética de alto concepto del diseño japonés, reparando así al mundo para el furor del sushi.
De este modo, el sushi ha pasado de ser una exótica especialidad étnica, a una muestra de la más refinada ocina, para finalmente convertirse no sólo en un platillo fino, sino también popular. Las vidrieras de un afé en Cambridge, Massachusetts, anuncian con letras pintadas: "Espresso, cappuccino, jugo de zanahoria, lasagna sushi". El Puré de papas con wasabi y los filetes de atún seco tipo sashimi, son especialidades que muestran la influencia cultural del Japón en la nouvelle cuisine de alta calidad en toda Norteamérica, Europa y latinoamérica. El sushi se ha convertido incluso en materia para la moda. Existe desde un brillo de labios "sushi", del color rojo intenso del atún crudo, hasta un esmalte para uñas "wasabi", de un verde aguacate laro.
PESCAR NUEVOS CONSUMIDORES. Japón sigue siendo el principal mercado mundial de atún fresco para sushi y ashimi. La demanda en otros países es producto de la influencia japonesa y de la creación de nuevos mercados or parte de productores nacionales que buscan extender su alcance. Quizá no sorprenda, pero la popularidad lobal del sushi como emblema de una clase sofisticada y cosmopolita de consumidores coincidió con una rofunda transformación en el papel internacional desempeñado por la industria pesquera japonesa.
SALPICADURA CULTURAL. El hecho de que el sushi esté disponible, de una forma u otra, en los exclusivos estaurantes de la Quinta avenida de Nueva York, en los estadios de béisbol de Los Angeles, en los carritos de refrigerios del aeropuerto de Amsterdam, en un apartamento de Madrid (entregado por un repartidor en motocicleta), en Buenos Aires, Caracas, Tel Aviv, o Moscú, no quiere decir que este plato haya perdido su condición de propiedad cultural del Japón
La globalización no uniformiza necesariamente las diferencias culturales, ni suprime la prominencia de las etiquetas culturales. Todo lo contrario, genera franquicias. En la economía global de consumo, el patrimonio de marca del sushi como una propiedad cultural del Japón aumenta el prestigio del país y su cocina. A manera de ejemplo: un tejano, dueño de un restaurante de comida china-norteamericana comenta que había cambiado la cocina de su cadena de restaurantes de china a japonesa porque el prestigio de esta última le permitía cobrar un poco más. Sus clientes no podían notar la diferencia entre empleados chinos y japoneses. A menudo, ni siquiera advertían que algunos de los chefs detrás de las barras de sushi eran latinos.
Fuera de Japón, el hecho de tener empleados japoneses (o una imitación razonable) es garantía suficiente de competencia en el área del sushi. Las guías para la generación actual del wandervogel global japonés aconsejan a los jóvenes japoneses que busquen empleo en una ciudad distante para trabajar como chef de sushi. El consulado estadounidense en Japón otorga más de 1.000 visas al año para chefs de sushi, compradores de atún y otros trabajadores en el negocio global del sushi. Una escuela comercial de Tokio que opera bajo el nombre de Sushi Daigaku (Universidad del sushi) ofrece cursos cortos en la preparación de sushi de manera que los "estudiantes" puedan impresionar a sus empleadores potenciales con un imponente diploma
Sin embargo, el sushi sigue estando estrechamente relacionado en la mente de los japoneses y de los extranjeros por igual, con la identidad cultural del Japón. En todo el mundo, los restaurantes de sushi operados por coreanos, chinos o vietnamitas preservan la identidad japonesa. En los sushi bar desde Boston hasta Madrid, el simple hecho de que un cliente salude en japonés puede hacer que los chefs caigan presa del pánico.
Fuente Internet
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